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viernes, 22 de mayo de 2015

De la huerta al plato.


En esta ocasión los frailes nos fuimos hasta la capital con motivo de la celebración de las finales del campeonato de España de pelota, una de nuestras grandes aficiones, ¡que no todo va a ser rezar! Este año participaba nuestro querido C.P. Vallelado. Y aunque los resultados no acompañaron a nosotros no se nos pasó el hambre.

En esta ocasión, de la mano de otro apasionado de la gastronomía, fuimos a uno de los sitios más de moda de la ciudad, “La huerta de Tudela”. Restaurante donde la verdura es la protagonista y se trata al producto con un mimo y un gusto espectacular.

La afamada huerta Tudelana es la despensa de donde se nutre la cocina de este restaurante, siempre trabajando con productos de temporada y de alta calidad. Verdura de la de verdad, como la de cualquiera de los huertos de nuestros conventos.

El restaurante está situado en la Calle Prado nº 15 de Madrid, en pleno centro, justo entre la plaza Mayor y la plaza Neptuno.
Es muy importante reservar ya que suele estar siempre lleno y no dispone de un comedor excesivamente grande.

El servicio es muy atento y profesional. Te aconsejan en todo momento, te explican cada plato al detalle, están siempre pendientes del cliente y tienen detalles que hacen del restaurante un lugar muy agradable y de trato cercano. Un ejemplo es poner un plato de puré a una niña pequeña que no había pedido menú, pero que vieron que probó del plato de sus padres y le gustó. Esas cosas se agradecen.

La carta es amplia, aunque nosotros aconsejamos pedir alguno de los menús degustación. Con los menús degustación podrás probar muchos platos variados y de alta calidad.

Nosotros nos decantamos por el menú degustación de verduras; un menú de ocho platos y postre.

Antes de traer el primer plato te dan a elegir entre los tipos de pan que trabajan. Centeno, de masa madre, etc... Muy buen pan.

El primer plato es un puré de calabaza amarilla con picatostes. No es uno de los platos más destacables pero es de una textura cremosa y de un sabor agradable.

Puré de calabaza amarilla con picatostes

Seguimos con dos platos más que, aunque parezcan escasos, son de gran sabor.
Uno es una cebolleta confitada al Chardonnay y el otro son unos pimientos del cristal asados a la leña. La cebolleta es muy agradable en textura y la acompaña una salsa que no deja de pedir pan. Por su parte, los pimientos del cristal asados a la leña son unos pimientos con el toque justo de asado y con el sabor característico del ahumado que proviene de la leña.

Cebolleta  y pimientos

Cuarto plato y uno de los más destacables: milhojas de patata confitada en aceite de codillo de jamón y sus borrajas. La magnífica mezcla de la textura de la patata confitada y el sabor de las borrajas hacen de este plato un auténtico homenaje a la huerta en el paladar. La cremosidad de las salsas, la explosión de sabor que aporta las borrajas, las texturas… en fin, un gran plato.

Milhojas de patata confitada

No hay quinto malo: menestra de invierno (alcachofas, brócoli, alubias verdes y acelgas). Un plato tradicional de huerta en las que el sabor de la acelga se hace protagonista del plato y donde la calidad de las verduras están solas ante el peligro. Podemos confirmar que pasan la prueba.

Menestra de invierno

Y en el sexto salió el premio gordo: penca de acelga rellena de jamón ibérico y veloute de hongos con salsa holandesa en pomada. Nombre rimbombante, sí, pero nada desmerecedor. El rebozado crujiente en el exterior, la textura e impresionante sabor de la acelga con el jamón ibérico, la veloute de hongos en el interior y la exquisita salsa holandesa en pomada hacen un plato redondo, sorprendente y muy agradable. En esta ocasión la acelga se hace menos protagonista del sabor y el conjunto es soberbio.

Penca de acelga rellena de jamón ibérico

Séptimo plato y otro de los importantes: corona de alcachofas fritas con foie gras. Es un timbal de alcachofas crujientes coronado por un trozo de foie. Cierto es que nunca habíamos probado las alcachofas fritas y nos han sorprendido gratamente ya que pueden ser un magnifico acompañante para casi cualquier plato. En esta ocasión dejan el papel de actores secundarios y se hacen protagonistas.
Corona de alcachofas fritas con foie-gras

Octavo y último plato: pochas de Tudela a la forma tradicional con piparras jóvenes encurtidas. Junto con el puré de calabaza naranja quizás son los platos menos sorprendentes. No por falta da calidad y de sabor, claro, sino porque son platos que simplemente sorprenden menos.
Cómo siempre la compañía de la piparra hace el plato más “alegre”. Tandem perfecto.

Pochas de Tudela

El postre nos es algo familiar. Una torrija de vainilla Bourbon con helado de vainilla de Madagascar y trufa de chocolate. Guarda cierta similitud con la torrija de nuestro querido Tatau, aunque no en los detalles. Aquí la acompañan un trufa (nada destacable) y la textura de la torrija es más hueca y con una presencia de leche mucho mayor. Estaba muy rica, pero es muy difícil superar la del Tatau.


Con esto se acabo una jornada entretenida que, a pesar de la derrota, nos dejó dos grandes cosas.
Una, ver lo bien que juega el pequeño del equipo y dos, nos pegamos una gran comida que demuestra que las verduras pueden ser protagonistas de un gran menú sin que el comensal eche de menos la carne ni el pescado.

Puntuación (1 a 10):
-Servicio: 9
-Cantidad: 8
-Calidad: 9
-Precio: 6

Valoración global: 8. Gran menú de huerta en un lugar agradable. Magnífico servicio y de una gran calidad. La fama, situación y la calidad del lugar suben un poco los precios del menú (44€), que al principio sorprenden ante la ausencia de carnes y pescados, pero que te dejan satisfecho tanto en cantidad como en calidad. También disponen de establecimientos en Zaragoza y Tudela.

viernes, 27 de marzo de 2015

Tras la senda del chuletón.

Cada fraile tiene sus santos preferidos y uno de los nuestros, sin ninguna duda, es el chuletón. Somos devotos desde hace años y lo sacamos en procesión siempre que podemos.

En esta ocasión vimos en Zaragoza un cartel enorme que dice que en Huesca, en el Trinche Asador, se puede comer uno de los buenos. Y como no podía ser de otra manera, hemos ido a rezarle.

En este restaurante el chuletón se presenta en un menú cerrado que consiste en unos entrantes para compartir, chuletón, pan, postre, agua, vino rioja y café por 35€ por persona.

En lo que a entrantes se refiere consta de unos embutidos, aceitunas (hasta aquí nada destacable), unas ricas croquetas caseras de bacalao (y que en esta ocasión podemos asegurar que sí que eran caseras) y todo esto acompañado de una ensalada de lechuga de hoja de roble con espárragos, cebolla, tomate, melón, anchoas y una riquísima ventresca de atún que fue lo que más nos gustó. En fin, una buena ensalada.


Y ahora venía nuestro santo. La carne se presenta en una pieza de aproximadamente 1 kilo de ternera de Broto, pasada por la brasa y posteriormente fileteada y con una piedra caliente al centro para terminar de dar cada uno su punto óptimo.
A la vista y al tacto pudimos comprobar que el chuletón hacía un buen rato que había salido de la brasa y no se presentaba con el trozo de grasa correspondiente para engrasar la piedra y evitar que se pegue. Dos errores importantes pero fácilmente mejorables.
La carne de Broto era realmente tierna y sabrosa, no nos vamos a engañar. De los frailes es sabido que damos mucha importancia al tiempo de curación de la carne a la hora de comer chuletón, y en esta ocasión podemos decir que ese tiempo de curación le daba a la carne un buen gusto y que aportaba un sabor intenso, sobretodo en los bordes y la carne pegada al hueso. No podemos poner ningún pero a la carne en lo respectivo a tierno y sabroso. Podéis ver su apariencia.


Los postres eran caseros, que siempre se agradece, pero muy sencillos. En esta ocasión probamos las natillas, las cuales estaban simplemente correctas, y un arroz con leche insulso y acuoso que daba la sensación de estar cocido con agua y terminado con leche. Otro error fatídico en este tipo de postres.

La verdad es que el chuletón estaba realmente bueno y quizá no llega al nivel de nuestros sitios preferidos para comer chuletón a la brasa porque tenemos el nivel muy alto y deberíamos bajar de los cielos para poner los pies en la tierra. Y es que nunca olvidamos de El Tejar...
Con unos pequeños detalles puede convertirse en uno de los mejores sitios de la ciudad para comer chuletón a la brasa. Un producto que, desgraciadamente, esté muy descuidado en Huesca.


Puntuación (1 a 10):
-Servicio: 6.5
-Cantidad: 6
-Calidad: 6.5
-Precio: 6

Valoración global: 6. Carne sabrosa y tierna, buena ensalada, pero falta por pulir algunos detalles para dar un salto de calidad.

miércoles, 25 de febrero de 2015

La casa del lechazo

Uno de los mandamientos que tienen nuestras escrituras es que cada cosa hay que comerla en su casa y, sin duda, la casa del lechazo es el restaurante Mannix de Campaspero en la provincia de Valladolid.
Para los que no conocen el producto decirles, aparte de que ya están tardando en ir en procesión a probar uno de los platos más típicos de Castilla, que el lechazo es la cría de la oveja, genéricamente cordero, que ha sido alimentado sólo con leche materna. Por supuesto que en este caso se trata de lechazo churro, con lo que también debe ser hijo de una hembra ovina de raza Churra. El peso medio del estos corderos es de unos 6kg aproximadamente.

Campaspero, localidad donde se encuentra el restaurante, es un municipio de unos 1200 habitantes de la provincia de Valladolid y que se encuentra situado entre Cuéllar (tierra de encierros) y Peñafiel (tierra de vinos). Localidades que desde aquí aconsejamos visitar.
Campaspero es conocido sobretodo por su piedra caliza, que tanto se usa en la construcción, además de por su lechazo asado, claro está.

El restaurante que cuenta con mucha tradición y experiencia en lo que al asado de lechazo se refiere, tiene entre otros reconocimientos el Blasón de Oro y del Turismo en 1999 y en el año 2000.
El asado se realiza en hornos tradicionales con leña de encina y sobre cazuela de barro, como debe de ser. Al ser un producto con una preparación larga es casi obligatorio reservar antes, así seguro que es una apuesta segura.
Dicen los más sabios que cuando uno quiere comer lechazo solo debe pedir lechazo y ensalada ya que es la mejor manera de saborearlo. Nosotros, como buenos monaguillos, así lo hicimos y... no les quitamos la razón. Sin duda, es la mejor manera de comerlo. Estilo antiguo.
La ensalada, al estilo tradicional, contiene simple lechuga, tomate y cebolla. Pero no le hace falta nada más, lo aseguramos.
El lechazo lo sirven por cuartos, en su propia cazuela de barro, al centro de la mesa y lo parten allí mismo.
La carne está tierna, jugosa, sabrosa, y en su punto justo de asado. Tantos años al lado del fuego son un buen currículo para dar a la carne ese color dorado tan particular. No podemos poner ni un solo pero a lo que nos sirvieron. Íbamos a por lechazo y un muy buen lechazo nos comimos.

Cuarto de lechazo

Una de las cosas que más diferencian un buen sitio para comer lechazo de uno malo es que, una vez comido, no te repita el sabor hasta la saciedad. Si has comido lechazo y estás todo el día con su sabor en la boca… mala señal. Hay sitios donde comes lechazo y después no te quedan ganas de volver a comerlo en una gran temporada. Este no es el caso, aquí te quedarán ganas de volver. Asegurado.

Al tratarse de un animal pequeño los cuartos no son grandes y dependiendo de quien sea tu pareja de baile quizás os atreváis a pedir un cuarto por persona. Eso sí, sin entrantes. Solo con ensalada y siendo dos buenos frailes, claro.

En cuanto a los postres hemos de decir que nos sorprendieron gratamente. Últimamente en todos los restaurantes nos están sorprendiendo en este aspecto. Algo de agradecer que trabajen este plato y no recurran al típico "flan, tarta y fruta".
Pedimos crema castellana; de aspecto similar a la crema catalana pero con una textura algo más cremosa.

Crema castellana

Y un "Toma Te un queso" realmente exquisito, sorprendente y original. Una manera diferente de comer tarta de queso, con una textura más aproximada a la mousse y con apariencia de tomate. Postre muy aconsejable.

"Toma Te un queso" del Facebook del restaurante

Pero todo no puede ser tan maravilloso y en esta ocasión tienen un importante pero que quizás deban analizar si quieren ser el gran restaurante que venden. La confianza que se toma parte del servicio y cocina con los comensales es excesiva y en muchos casos resulta desagradable y molesta.

Puntuación (1 a 10):
-Servicio: 4
-Cantidad: 7
-Calidad: 9
-Precio: 7

Valoración global: 7. Lechazo de gran calidad y asado de manera tradicional, tal como se espera de este sitio. Quizá uno de los mejores lugares para comer este afamado producto. Pero deberían controlar ciertas actitudes ya que en ocasiones el trato puede matar la magia de una gran comida.

miércoles, 14 de enero de 2015

En busca de nuestro Santo Grial.

Lo volvimos a hacer. Salimos a la carretera en busca de nuestro santo preferido.
Esta vez nuestro incansable afán por encontrar el mejor chuletón nos llevó hasta el Albergue d'a Garcipollera en Villanovilla (Huesca).
Habíamos leído en Internet que sus carnes son famosas en todo el valle (incluso fuera de él) y por eso mismo emprendimos el viaje.
Bien es cierto que no sólo nos gusta comer como frailes, sino también viajar y descubrir mundo como los ermitaños. Así pues, fuimos a visitar una joya medieval que está cerca de Santa Cruz de la Serós; el monasterio de San Juan de la Peña.
Su enclave es especialmente peculiar ya que está cubierto por una enorme roca que le da nombre. Su claustro es digno de película y, cuenta la leyenda, el santo Grial estuvo varios años al resguardo de sus paredes.
Si tenéis la oportunidad, id a verlo. No hay excusa.

Monasterio de San Juan de la Peña

Como bien decíamos, nuestros pies nos llevaron hasta Villanovilla, que es un pequeño pueblo situado en el valle de la Garcipollera. El pueblo hasta hace bien poco estaba poco menos que abandonado, pero gracias a una gran inversión de dinero ha cobrado fuerza en belleza y turismo.
El Albergue d'a Garcipollera también ha contribuido a que haya movimiento en sus las calles ya que, muy probablemente, la mayoría de las personas que estén en ese momento en el pueblo sean comensales del restaurante.
Ah! Y a escasos metros del pueblo sale una pista que, después de una buena caminata, da a la preciosa iglesia de Santa María de Iguácel. Si te gusta andar, la montaña y el arte, su visita es obligada.

Santa María de Iguácel (foto: Wikipedia)

Recomendamos reservar mesa ya que el restaurante como tal sólo dispone de una docena de mesas y sería una faena ir a este pueblo "perdido" del Pirineo para darse la vuelta.
Y sin más, vamos con lo que nos concierne.
Lo primero que nos llamó la atención es que sólo hay un camarero (el dueño) para todas las mesas. Bien es cierto que no son muchas, pero por momentos se nota que el servicio carece de fluidez (tardaron unos 20 minutos desde que nos sentamos hasta que nos tomaron nota). Quizá sea de lo que más flojee.
El sitio es acogedor puesto que es una antigua casa reformada, con su hogar, su chimenea, sus vistas a la calle...
Puerta del restaurante

Sin duda alguna nuestro objetivo era el chuletón pero queríamos probar las diferentes especialidades de la casa, que no son pocas.
Esta vez comenzamos por unas croquetas de hongos que habíamos oído que eran espectaculares y...
sinceramente, no son nada del otro mundo. Es cierto que el relleno era cremoso y con mucho sabor pero como hemos dicho alguna otra vez, el hongo es un ingrediente muy recurrente y su sabor siempre es agradable.
El rebozado no casaba con el relleno. El relleno y el rebozado eran dos cosas totalmente diferentes. Incluso el rebozado se partía dando la sensación de congelado.
Aún así, el sabor era muy bueno. ¡¡Y cómo quemaban!!

Croquetas de hongos

Nos chocó ver en carta el plato de pulpo a la brasa, algo que consideramos no muy común, así que decidimos probarlo.
Iba acompañado de unas patatas asadas a la brasa, un poco de pimentón y algo de alioli casero.
La brasa le daba ese toque a fuego que no puede dar una plancha y eso le proporcionaba un punto
nuevo al plato. Desgraciadamente el pulpo es una lotería, te puede tocar una pieza tierna como el aire o dura como una roca. Pues bien, casi llegamos a jugar en los dos bandos. No nos mal interpretéis cuando decimos eso, ya que el pulpo estaba realmente bueno. Pero había trozos tiernos y con su sabor a leña y otros un poco más duros y un poco más sosos.
Creemos que a veces se ven desbordados también en cocina y por eso esta preparación.
El alioli (más bien decorativo) era muy suave y acompañaba más a las patatas que al pulpo.

Pulpo a la brasa

Seguimos con unos caracoles con ajolio. Éste fue uno de los platos que más nos gustó.
Como en las raciones anteriores, el plato no era muy abundante. Los caracoles, bastante grandes, estaban muy bien cocidos y con un sabor intenso gracias a la salsa acompañante. Típico plato para chuparse los dedos.
Aunque gran parte del buen sabor y protagonismo del plato se lo llevaba la salsa acompañante gracias a una rica aceite y unas buenas especias.
Quizá faltaba algo más de limpieza en los caracoles, algo muy costoso.

Caracoles con ajolio

El siguiente plato no lo habíamos pedido desde un principio, pero lo vimos pasar y la verdad es que nos llamó mucho la atención. El dueño nos lo recomendó encarecidamente y, cierto es, no lo habíamos probado nunca. ¿Que qué era? Algo muy simple: piparras a la brasa.
Las piparras son bien conocidas por comercializarse en conserva y, por supuesto, por su calidad. Este tipo de guindillas deben oscilar entre 8 y 12 centímetros y, supuestamente, si son más grandes significa que han estado demasiado tiempo al sol. Nos gustó tanto este plato que el Albergue d'a Garcipollera será recordado por sus riquísimas piparras.
Toque a brasa, tiernas, sin picor, sabrosas... ¡Cayeron como pipas!

Piparras a la brasa

Y ahora pasamos a nuestro Santo Grial: el chuletón.
Varias personas nos lo habían recomendado y también habíamos leído sus buenas críticas en Internet. Y no es para menos. 
Disfrutamos como críos con esta carne. El dueño nos trajo el chuletón de Viejo en un plato, nos lo enseñó, nos informó de cuantos gramos pesaba y nos recomendó que, de momento, no pidiéramos más ya que era una buena pieza de casi 1,300 Kg.
Bien; nos trajo la típica piedra ardiente para poder terminar de hacer la carne al gusto, aunque bien es cierto que el punto que tenía de leña era suficiente.
La carne era extremadamente tierna, con un buen trozo de grasa (importante) y con un entrevedado visible; algo que siempre marca el sabor. 
Tanto nos gustó y tantas ganas teníamos de comerlo que al momento ya no había carne en el plato. Su dueño, sorprendido, nos dijo que si queríamos otra pieza y... ya nos conocéis. No pudimos evitarlo.
Esta vez nos comimos otro chuletón de 800gr. Quizá era gula o quizá no, pero os recomendamos que probéis su carne. Una carne curada, suave de sabor pero sabrosa.
Quizá lo más molesto es que el Albergue no es muy grande y la concentración de vapores y humo es algo abundante (tampoco mucho).

Chuletón de Viejo

Con las panzas bien llenas llegaron los postres. En estos restaurantes suelen abundar los postres caseros, que siempre se agradecen más que los precocinados.
Entre las 4 o 5 opciones elegimos una tarta de queso casera, con buen sabor pero nada especial, y el impresionante helado de queso de oveja.
Este helado es uno de los mejores postres (sin tener una elaboración más allá del helado y el queso) que hemos probado en mucho tiempo. Exquisito, sabroso y cremoso. Obligatorio.

Helado de queso de oveja

La zona, la comida, la Historia... todo tiene razón de ser cuando se visitan sitios como este.
Después de todo, nos recogimos en casa para pensar y pensar... ¿dónde estará nuestro Santo Grial?
Aunque una cosa está clara: cada día estamos más cerca.


Puntuación (1 a 10):
-Servicio: 5,5
-Cantidad: 7
-Calidad: 8
-Precio: 7

Valoración global: 7. Servicio flojo para las pocas mesas que tiene. Aunque la cantidad no es muy abundante, los productos son de muy buena calidad. Especialidad en caracoles y chuletón (este último obligatorio). Atención! No se admite pago con tarjeta.

martes, 16 de abril de 2013

Mirando para la tierra.

Bueno, bueno, bueno...
¿Os acordáis de nosotros? ¿No? Pues nosotros sí que nos acordamos de vosotros y, aunque no lo parezca, también de este nuestro blog.
Hemos estado desaparecidos desde hace bastante tiempo, aunque los que nos seguís en Twitter sabéis que tampoco hemos parado. En fin... que ¡ya era hora! ¡Vamos a ello!

Esta vez no nos fuimos muy lejos. Probamos uno de los restaurantes que últimamente está teniendo mucha aceptación a pesar de llevar bastante tiempo abierto. "El Origen", en Huesca.
Es un restaurante situado en pleno centro que está especializado en cocina aragonesa y sus productos están enfocados a una cocina ecológica y vanguardista.
Tenemos que decir que ya habíamos probado sus platos una vez hace bastante tiempo, pero no salimos del todo contentos. Quizá se estén esmerado más en la realización de sus platos o nosotros teníamos mejor día, quién sabe...
El local es tranquilo, bien decorado y el servicio es muy atento. También tienen un salón para celebraciones.

El menú diario es muy variado y bastante barato para su calidad (15€). Nosotros elegimos el menú "Fin de Semana" (20€) con 5 primeros y 5 segundos a elegir, ya que estábamos de celebración (felicidades Pilar!).
Como aperitivo nos dejaron unas olivas negras en salmuera que siempre vienen bien para matar el gusanillo.
Y ahora, los platos.

"Boliches del Pilar estofados con calabaza y velo untuoso de cabeza de jabalí". Suena bien, ¿verdad?
Siempre se agradecen unos buenos boliches en días de frío y, además, éstos estaban realmente ricos.
Eran tiernos, sabrosos y la textura de la salsa estaba en su punto aunque el pan para acompañar no era del todo bueno. El "velo untuoso de cabeza de jabalí" no le añadía un toque espectacular al plato pero le daba el sabor justo a embutido que todo cocido agradece. También pedimos unas guindillitas para acompañar al guiso que muy amablemente nos sirvieron.

Boliches del Pilar estofados con calabaza y velo untuoso de cabeza de jabalí

En un menú ecológico no pueden faltar el arroz, las setas o el queso. Pues bien, en el "arroz del Cinca en risotto de setas de temporada e Idiazábal rallado" tenemos todo eso.
No podemos negar que es una combinación que casi siempre gusta. Lo difícil de este plato es que el arroz quede jugoso, sabroso y aromático. Las pequeñas setas de temporada acompañaban perfectamente al conjunto del plato, aunque en este arroz se echaba en falta el sabor al queso Idiazábal, que es un queso de oveja con sabor intenso a leche madura. Aún así, tenía todo lo que un buen risotto debe tener: olor, sabor y cremosidad. Una buena elección.

Arroz del Cinca en risotto de setas de temporada e Idiazábal rallado

Pasamos a los segundos. 
Ya sabéis que nosotros somos más de carne que de pescado, así que elegimos un lomo de ternera y unas carrilleras de cerdo.
Empezamos con un "lomo de ternera D.C. Pirinea con manzana asada y salsa de queso azul". Es otra de las combinaciones que nunca fallan: carne, queso azul y manzana. Si sumamos que la ternera está catalogada con la "D.C." de denominación de calidad, pues... para quitarse el sombrero.
Era una carne jugosa y sin mucha grasa. Un trozo generoso con el que daba gusto mezclar los sabores del queso y la manzana asada. Por ponerle algún pero... la salsa de queso era demasiado líquida, que sumado al jugo que soltaba la carne, hacía que no se "mojase" bien la carne.

Lomo de ternera D.C. Pirinea con manzana asada y salsa de queso azul

Y ahora vamos con el plato que más nos sorprendió. Unas "carrilleras de cerdo glaseadas con avellanas y fina zanahoria"; un plato espectacular.
La carrillera es una de las partes más tiernas y melosas del cerdo, pero si a esto le añadimos que esta carne estaba en su perfecto estado de cocción, pues tenemos un plato sensacional.
La carne, literalmente, se deshacía en la boca. Había cogido todo el jugo de la salsa y, además, estaba en su punto exácto de reducción. Tenía ese punto dulce del glaseado y una textura prácticamente caramelizada. Igualmente, daba gusto mezclar los sabores con la salsa de fina zanahoria. Sencillamente perfecto.

Carrilleras de cerdo glaseadas con avellanas y fina zanahoria

Y como colofón una "mousse de yogurt de Fonz con velo de frutos rojos y espuma de chocolate". Se nota que tienen mano con los postres ya que innovan en sabores y presentación. Petazetas de chocolate, capas de sabores...
Pese a que no tenía una consistencia espumosa, sí que tenía la textura esponjosa típica del punto de nieve. El sabor era principalmente a leche de oveja mezclado con la acidez de los frutos rojos. Otra vez... una mezcla perfecta.

Os aconsejamos probar sus platos y que comprobéis vosotros mismos que tanto los productos de esta tierra como el buen hacer de este restaurante son todo un diamante.


Puntuación (1 a 10):
-Servicio: 8
-Cantidad: 7
-Calidad: 8
-Precio: 7,5

Valoración global: 7,5. Gran calidad en los productos. Cocina creativa, ecológica y vanguardista. Muy buen servicio y muy buena relación calidad/precio. Postres excelentes.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

En el filo del "pero".

Después de una pequeña temporada de vacaciones nos adentramos de nuevo en lo que realmente nos gusta: la comida.
Esta vez hablaremos de un restaurante que está situado en el centro de Huesca, se llama "Los Fogones". Está muy cerca de la basílica de San Lorenzo, donde aguarda el santo que da nombre a las recientes fiestas patronales de Huesca.

Basílica de San Lorenzo

Nos habían hablado mucho sobre este restaurante y teníamos opiniones de todos los tipos. Bien, mal, regular... Pero no teníamos una opinión clara. Siempre era un "Bien, pero...", "Mal, pero...". Así que decidimos ir a comprobarlo nosotros mismos.

Podemos decir que en poco tiempo hemos ido varias veces precisamente para quitarnos alguna espina de la vez anterior. Algo que, a nuestro juicio, no ocurrió.
El restaurante es céntrico, tranquilo y con una decoración armoniosa. El servicio es atento y educado. Su carta se centra en carnes de mar y de montaña, arroces, y raciones marineras. De todas maneras, es posible que os encontréis algún pero. Además, la carta no es muy variada. Unos 4 o 5 platos por tipo.

En nuestra primera visita decidimos tener varias opciones en la mesa. Tanto menú de arroz (unos 14€), cómo menú del día (unos 12€). El precio del menú diario es más que asequible dada la variedad y la cantidad.
Esta vez el menú de arroz incluía como entrante un cazón en adobo y como primero un generoso plato de jamón y tomate rosa de Huesca, muy típico. El plato no es muy reseñable pero debemos decir que el tomate es muy rico y jugoso y que el jamón no es envasado, que es un punto a favor.

Cazón en adobo, jamón y tomate rosa

El plato principal del menú de arroz lo suelen variar diariamente. Esta vez nos tocó un arroz con cangrejos de playa. El plato es muy copioso y nos hemos dado cuenta de que sirven la misma cantidad si se pide el menú una persona que si lo piden dos. La verdad es que de esa gran cazuela pueden salir 3 o 4 platos, así que puede ser una opción, cuando se va acompañado, que uno pida el menú diario y otro el de arroz.

En cuanto al arroz... era bastante bueno. Cremoso y con un sabor muy intenso gracias a los cangrejos. Tenía un pequeño golpe de horno, ya que el arroz quedaba algo turrado en la parte superior. En definitiva, mucha cantidad y bastante calidad en cuanto al arroz.

Arroz con cangrejos de playa

En cuanto al menú... Tiene casi más variedad que en carta. 
Elegimos de primero un delicioso revuelvo de boletus con jamón. Tenía un sabor exquisito gracias a los boletus que es una de nuestras setas preferidas por su sabor suave y por su gran intensidad. Su textura era agradable ya que los boletus eran muy tiernos.
Sí que es verdad que algún trozo de huevo estaba algo crudo y el jamón un poco grande pero, en general, estaba muy bueno. El plato es generoso.

Revuelvo de boletus con jamón

Y de segundo, secreto ibérico a la brasa. Como podéis ver, de brasa tiene poco...
La carne no era nada sabrosa y la placa caliente en la que venía servida hacía que la carne se agarrase un poco, aunque le daba un sabor un tanto especial. Eso sí, de sabor... nada de nada.

Secreto a la brasa con pimientos

En cuanto a postres... muchos de ellos son caseros, así que siempre suelen ser más buenos que prefabricados.
Nos resultó especialmente bueno el "yogurt casero con miel y nueces" y el "coulant de chocolate".
Entendemos que son postres algo empalagosos para los que no les guste mucho el dulce, pero son realmente buenos.
El yogurt es muy cremoso y con sabor a leche, como los yogures caseros antiguos. Os lo recomendamos.

Yogurt casero con miel y nueces

El coulant, para los que no lo sepáis (que lo dudamos), es un bizcocho de chocolate relleno de más chocolate que se sirve caliente. Vamos, una muerte dulce.
Suele ser muy agradable a la boca debido a la temperatura y si el bizcocho es bueno puede ser una delicia.

Coulant de chocolate



Puntuación (1 a 10):
-Servicio: 5,5
-Cantidad: 6
-Calidad: 5,5
-Precio: 6

Valoración global: 5,5. Hay ciertos detalles en la comida en los que deberían mejorar. Aún así, tienen platos que recomendables. Aunque la carta es muy escasa, su menú de arroz o diario es muy variado y el restaurante es tranquilo.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Verde albahaca y rojo carne.


Como manda la tradición en San Lorenzo, el día 10 de agosto se come en familia. Y como somos una pequeña gran familia, así lo hicimos. 
Tras intentar reservar en varios restaurantes sin ningún éxito se nos encendió la bombilla y pensamos en un restaurante que abrió no hace mucho tiempo y del que habíamos oído hablar bastante bien, el "Fhosko". A escasos 300 metros de la catedral oscense.

Catedral de Huesca

Restaurante más o menos reciente está situado en uno de los locales “clásicos” de Huesca con una decoración bastante cuidada aunque sin ser éste su punto más fuerte. Tienen un comedor exterior en terraza con bastante flora en la que se está muy a gusto. Debido a las altas temperaturas de estos últimos días nos decantamos por el interior.

Con la carta en la mano tenemos que decir que quizás falta algún entrante más, aunque los que hay son bastante buenos. Se quedan un poco cortos en ese sentido. Nosotros nos decantamos por un "Micuit de pato con frutos rojos", quizás servido demasiado frío, un "Provolone a la plancha" que estaba muy bueno (aunque le sobraba algo de salsa de soja) y una "Ensalada de perdiz escabechada y jamón de pato" exquisita. Todos estos platos son perfectos para compartir en el centro de la mesa.

De segundo, lo teníamos claro; carne a la piedra. Es la especialidad de la casa y el producto del que más nos habían hablado.
Tienen varias carnes servidas de esta forma: solomillo, entrecot, chuletón de buey, chuletón de buey de una variedad superior... aparte de algún tipo más de carne y algunos pescados.
Nosotros probamos el entrecot, el solomillo y el chuletón de buey de la variedad superior. 
Lo sirven bien troceado con varias piedras calientes, dependiendo del número de comensales. Todo ello en el centro, para que cada uno se lo prepare a su gusto.


La carne es realmente buena en cualquiera de sus variedades. Salvando las distancias entre ellas, claro. Todas eran tiernas, jugosas y sabrosas. 
El solomillo es carne más fina y exquisita; el entrecot es carne más basta y el chuletón tiene un sabor intenso. Aunque si tuviéramos que elegir una sola variedad quizás nos decantaríamos por el chuletón de buey ya que su entreverado hacía la carne muy jugosa y con mucho sabor (sobre todo cerca del hueso).
Añadir que el precio del chuletón es por kilo y que va desde los 35€ a los 39€ del chuletón superior. No se puede pedir menos de un kilo.
El chuletón va a peso y el entrecot y el solomillo va por pieza.


Aunque aseguramos que la carne es realmente exquisita, hay varias cosas que quizás puedan mejorar en el restaurante para hacer de éste un lugar excepcional para ir a degustar estupendas carnes.
Nosotros vamos a sugerir 4 cosas que echamos en falta y que creemos pueden ayudar a mejorar sustancialmente su calidad:

1º Tienen que estar más atentos a las piedras y cambiarlas cuando se ha pedido bastante cantidad o el número de comensales es elevado, ya que la carne se termina haciendo en una piedra más bien templada. Aunque quizás fuimos en unas fechas en las que el servicio no está al 100%.

2º Aunque la carne ya sale con sal de la cocina debería venir acompañada de un salero, para que el que quiera pueda darle un toque más de sal.

3º Deberían cuidar un poco más la extracción de humos en un local donde se sirve carne a la piedra.

4º Es recomendable templar la carne antes de servirla. Si se sirve fría, al cocinarla, puede quedar el interior frío mientras que el exterior se pasa.

Aún con esos 4 detalles podemos decir que es un buen sitio para ir a comer una excelente carne a la piedra y, además, con una buena relación calidad/precio.
Los precios para una comida como la nuestra con vino, postres y café incluido ronda entre los 25 y los 30€.

Sobre el servicio podemos decir que es atento aunque en esos días hacen lo que pueden, como todos.


Puntuación (1 a 10):
-Servicio: 5,5
-Cantidad: 7
-Calidad: 8
-Precio: 6

Valoración global: 7. Restaurante especialista en carne a la piedra, a un precio razonable. Cuidando algún detalle sería un sitio perfecto. Prometemos volver a comprobarlo.

lunes, 16 de julio de 2012

¡Menudo kilombo!

No sabíamos que "Rekons" tenía varios establecimientos en Barcelona hasta que consultamos en Internet. De hecho, no sabíamos ni de la existencia de un sitio tan acogedor, tranquilo y, a su vez, tan visitado.
Tienen 3 establecimientos repartidos por toda la ciudad condal. Son una mezcla entre cafetería, bar de barrio y restaurante. Su especialidad son unas exquisitas empanadas artesanas.
Dicen que también tienen los mejores bocadillos de Barcelona, aunque eso es mucho decir.
Barcelona siempre ha sido una ciudad con ajetreo pero apaciguada, bulliciosa pero con sitios paradisiacos, una ciudad moderna. Un ejemplo es la "casa okupa" que se encuentra justo al lado de este "restaurante" (nos da apuro no poner comillas ya que no es un restaurante al uso). El sitio está en la esquina entre la C/ Comte d'Urgell y C/ Floridablanca.

Casa Okupa de Comte d'Urgell

Es muy recomendable acercarse en verano porque no hay nada como tomarse una de sus empanadas en su pequeña terraza. También recomendamos sus tés o sus dulces (tartas, pasteles...).
Sin duda, se han hecho famosos por su servicio cercano y por sus excelentes empanadas artesanas. Además, tienen gran variedad en sabores. Variedad en formas y gustos.
Empanadas de carne, atún, espárragos, calabacín, puerro, bacon... Como veis hay mucha diversidad en las empanadas. Es muy famosa su empanada de carne y calabaza o carne y berenjena picante. Aunque nosotros no las hemos probado. Cuando el río suena...

Metidos en harina... nos habían recomendado el "kilombo". No nos pudimos resistir. El "kilombo" consiste en una gran ensalada a la que se le unen 3 empanadas a elegir. Es muy buena opción ya que puedes elegir "el gordo" del plato. Hemos visto por Internet que los ingredientes de la ensalada pueden variar, de todas maneras, con nosotros acertaron de lleno. En la ensalada podemos encontrar varias frutas como mango, pera, fresas... Por cierto, ¿sabías que la fresa no es en sí una fruta? La fresa, en realidad, es un racimo, y la fruta son los puntitos negros que están en su parte más carnosa.
Y siguiendo con el plato... también encontraremos berenjena, espárragos, queso fresco, etc. Lo que nos llamó la atención y estaba realmente bueno era una rodaja de tomate con una rodaja de pera y un trozo de queso fundido en la parte superior. El toque del horno en el tomate y en la pera quedaba espectacular y la mezcla de sabores es realmente buena. ¡Debéis probarlo en casa!


Y en cuanto a las empanadas, pues ¿qué decir? Que realmente tienen la fama que se merecen.
El mayor problema de las empanadas es que la masa, una vez horneada, quede poco jugosa y sea, incluso, difícil de comer. Quizá por eso la gente no suele comer los bordes, porque quedan algo secos y duros después de hornear la empanada. Si la masa está bien hecha tienes miles de combinaciones en cuanto a sabores porque es muy probable que guste a cualquiera.
Nosotros elegimos una empanada de bacon y queso, una de espárragos trigueros y otra de apio, roquefort y nueces.
Vamos por partes. La de bacon y queso se puede decir que es algo típica. Dos ingredientes que nunca fallan. Así que diremos que estaba realmente buena. En su favor diremos que, al darle un toque de horno antes de servirla, el queso queda cremoso y bien fundido. Cuando se tarda en servir un queso recién horneado éste queda poco cremoso y con textura parecida al chicle. Algo que no gusta. Éste no era el caso. 
La de espárragos trigueros... ¡otro acierto! Estos espárragos, si no son a la plancha, siempre quedan sabrosos. Pasaban muy bien.
Después de la enorme ensalada (algo sobrada de sésamo y soja) y de las dos primeras empanadas ya empezábamos a estar algo llenos. Pero bueno, para el final siempre se deja lo que más nos gusta. Así que dejamos para el final la empanada de apio, roquefort y nueces.
El queso roquefort, como ya sabéis, es un queso algo fuerte y que hay a mucha gente que no le gusta este tipo de quesos. En la empanada quedaba deshecho, caliente y perfectamente ligado con las nueces y con el apio. Fue la que más nos gustó.
Es un plato realmente contundente, aunque no lo parezca.
El precio es asequible ya que se puede comer por unos 15€ (el "kilombo" son 11€).

Si estáis por Barcelona y veis un "Rekons", daos un capricho. Las empanadas, al ser individuales, son un acompañamiento perfecto para un paseo por esta sorprendente y preciosa ciudad.


Puntuación (1 a 10):
-Servicio: 6
-Cantidad: 7
-Calidad: 6
-Precio: 6,5


Valoración global: 6,5. Sitio de comida rápida, tranquilo aunque bullicioso. Empanadas artesanas buenísimas. Gran variedad y nada caro.

jueves, 7 de junio de 2012

Para bueyes, ¡los de Segovia!

Los auténticos bueyes existen y están en Segovia.
Son muchas las veces que hemos oido que la carne de buey es dificil de encontrar y que casi siempre te dan gato por liebre. Pues en Carbonero (Segovia) puedes ver hasta la foto del buey que te estas comiendo con su correspondiente sello de garantía. El sitio es el mesón "El Riscal".
"El Riscal" fue pionero en la producción de bueyes de trabajo españoles y es conocido por tener ganadería propia. Así que el que dude de la autenticidad de la carne, puede ir a verla.
El mesón, con buen acceso, está situado junto a la carretera que cruza el pueblo. Buen aparcamiento y con varios comedores. Se nota que intentan renovar el restaurante cada cierto tiempo ya que todos los comedores tienen una decoración moderna y elegante.
Es un sitio de gran prestigio y fama, no solo en la zona, como atestiguan las cantidad de fotos con distintas personalidades que han pasado por el restaurante y la ganadería. Sus bueyes son famosos.
Su plato principal es la carne de buey (con certificación CaBu) a la piedra, pero siempre acompañados de unos buenos entrantes. Desde luego, no esperes grandes cantidades en estos platos, porque te llevarás una desilusión. Merece mención especial el carpaccio de buey. Al que le guste este tipo de carne deberá pedirlo ya que es realmente excepcional. No te defraudará.
El resto de entrantes que hemos probado son buenos, sin llegar a ser espectaculares.
Todos llevan una muy buena presentación pero, como hemos dicho, son un poco escasos.
Las ensaladas tampoco están nada mal y son un buen acompañamiento tanto para los entrantes como para la carne.
El plato principal y el que ha dado la fama al restaurante, es la carne a la piedra.
Te sirven un plato de carne de buey fileteada muy fina y una piedra caliente para hacerla al gusto propio (como debe ser).


Es tan fina que en unos pocos segundos pasará del plato en crudo a la piedra caliente y seguido a la boca del comensal. Para nosotros quizás se sacaría más provecho si no fueran laminas tan finas, pero eso es cuestión de gustos y "El Riscal" así gusta. Quizás sólo sea cosa nuestra...
Aparte de eso, la carne es tal como se la espera. Muy sabrosa y tierna y la acompañan de unas patatas que siempre hacen buena compañía.


Sobre los postres destacar por encima de todo la tarta de queso (creemos que el postre ha cambiado de nombre). Es realmente espectacular, a la altura de la carne. La presentación de cualquiera de los postres es muy original.


El servicio es muy atento y el sitio está preparado para recibir a mucha gente. El precio puede ser un problema ya que, hoy por hoy, está entre los 40€ y 50€ por persona. Quizás la fama y la modernización del local influyen para que el precio aumente. En este caso creemos que sí. Pero eso sí, nadie te podrá volver a decir quer no has probado la auténtica carne de buey.

Puntuación (1 a 10):
- Servicio: 8
- Cantidad: 6
- Calidad: 8
- Precio: 6

Valoración global: 7. Comerás buey del bueno, del de verdad. Muy buen sitio, con un buen servicio y con calidad en todos los platos. Precio elevado, ya que es sitio de renombre.

martes, 29 de mayo de 2012

Tranquilidad y buenos alimentos.

Esta vez teníamos dudas de a qué restaurante acercarnos. Varias fueron las opciones, pero nos decantamos por "El Bodegón".
Está situado en el casco viejo de Huesca, muy cerca de la catedral. Tiene una cuidada decoración que nos traslada a una gran bodega (arcos, columnas...) en el que se está realmente cómodo y el ambiente es agradable (aunque el hilo musical no es del todo acertado para un restaurante).
Su especialidad son las brasas y el pescado, pero tienen una cuidada carta con diferentes platos en los que podemos pedir desde una simple ensalada a un plato mucho más sofisticado.
La opción de menú también es acertada porque tienen variedad, calidad y no es excesivamente caro.

El restaurante es acogedor y, aunque no parece muy grande, tiene bastantes mesas. Todas ellas entre las columnas de la gran bodega. Al fondo podemos encontrar un gran botellero donde se hayan decenas de botellas de vino, siguiendo con la temática del restaurante.
El servicio es atento, aunque no excesivamente.

En cuanto a la comida... Nos sorprendió gratamente. No pensábamos comer tan bien, aunque nos habían recomendado el restaurante en varias ocasiones.
Como es lógico tienen una variada carta de vinos. Nosotros nos hemos aficionado a un tinto joven del Somontano llamado "Sevil". Muy aromático y con sabor afrutado y, además, nada caro (unos 9-10€).
Para acompañar al vino elegimos de primero un "Hojaldre de verduras con gambones y mezclum".
El hojaldre quizá resulte algo seco de primeras, pero al mezclar todos los productos resulta muy bueno al paladar ya que no es nada grueso.


La carne de los gambones (bastante grandes, como podéis ver) estaba tierna y caliente, recién hecha. Y el mezclum de ensalada daba un toque fresco al plato con sabores como el albahaca, escarola o canónigos. Así pues, podemos decir que la mezcla era sorprendentemente buena, tanto en sabor como en temperatura.
Un plato el cual disfrutamos y comimos lentamente.

De segundo tienen gran variedad en carnes y, aunque sus pescados también son famosos, no tienen tanta variedad en éstos. Las brasas siempre le dan un toque especial al gusto de cualquier carne. No fue menos en nuestra "Paletilla de ternasco".
Estaba espectacular. El único "pero" es que quizá le faltaba un poco más de cocción en la brasa ya que la carne no se separaba bien del todo del hueso. Por lo demás... increíble.


La carne estaba jugosa, tierna y muy sabrosa, con ese sabor tan típico del ternasco. La carne exterior crujiente y bien apañada con aceite, sal y una pizca de ajo. Le acompañaba una simple patata asada y un pimiento del piquillo.
El sabor de la brasa le dio muchos puntos a este plato. Lo recomendamos.

Después de sorprendernos gratamente con la carne pasamos al postre.
Siempre hemos dicho que nosotros somos más de "chicha", pero bueno, cuando se come de carta uno siempre termina pidiendo postre. Sea lo que sea.
Esta vez elegimos unos "Barquillos con azúcar rellenos de crema con chocolate caliente".
Quizá éste fue el plato más flojo, no sólo por nuestra predilección por la carne sino porque, además de esperar algo demasiado en recibirlo, el chocolate no estaba precisamente caliente.


Esto le bajó puntos a lo que hubiera sido una comida perfecta. Aún así, el postre estaba realmente bueno, y más para los amantes de lo dulce.

Después tomamos nuestro café y reposamos lo que, a nuestro juicio, fue una velada CASI perfecta.
El precio está equilibrado con la calidad. Eso sí, si eliges de carta es posible que no bajes de los 30€. Algo que también puede echar para atrás a mucha gente.



Puntuación (1 a 10):
- Servicio: 5,5
- Cantidad: 6,5
- Calidad: 7
- Precio: 6

Valoración global: 6,5. Lugar bonito, tranquilo y acogedor. Carnes a la brasa buenísimas. Platos muy buenos. Precio algo elevado y servicio no del todo atento.