jueves, 7 de junio de 2012

Para bueyes, ¡los de Segovia!

Los auténticos bueyes existen y están en Segovia.
Son muchas las veces que hemos oido que la carne de buey es dificil de encontrar y que casi siempre te dan gato por liebre. Pues en Carbonero (Segovia) puedes ver hasta la foto del buey que te estas comiendo con su correspondiente sello de garantía. El sitio es el mesón "El Riscal".
"El Riscal" fue pionero en la producción de bueyes de trabajo españoles y es conocido por tener ganadería propia. Así que el que dude de la autenticidad de la carne, puede ir a verla.
El mesón, con buen acceso, está situado junto a la carretera que cruza el pueblo. Buen aparcamiento y con varios comedores. Se nota que intentan renovar el restaurante cada cierto tiempo ya que todos los comedores tienen una decoración moderna y elegante.
Es un sitio de gran prestigio y fama, no solo en la zona, como atestiguan las cantidad de fotos con distintas personalidades que han pasado por el restaurante y la ganadería. Sus bueyes son famosos.
Su plato principal es la carne de buey (con certificación CaBu) a la piedra, pero siempre acompañados de unos buenos entrantes. Desde luego, no esperes grandes cantidades en estos platos, porque te llevarás una desilusión. Merece mención especial el carpaccio de buey. Al que le guste este tipo de carne deberá pedirlo ya que es realmente excepcional. No te defraudará.
El resto de entrantes que hemos probado son buenos, sin llegar a ser espectaculares.
Todos llevan una muy buena presentación pero, como hemos dicho, son un poco escasos.
Las ensaladas tampoco están nada mal y son un buen acompañamiento tanto para los entrantes como para la carne.
El plato principal y el que ha dado la fama al restaurante, es la carne a la piedra.
Te sirven un plato de carne de buey fileteada muy fina y una piedra caliente para hacerla al gusto propio (como debe ser).


Es tan fina que en unos pocos segundos pasará del plato en crudo a la piedra caliente y seguido a la boca del comensal. Para nosotros quizás se sacaría más provecho si no fueran laminas tan finas, pero eso es cuestión de gustos y "El Riscal" así gusta. Quizás sólo sea cosa nuestra...
Aparte de eso, la carne es tal como se la espera. Muy sabrosa y tierna y la acompañan de unas patatas que siempre hacen buena compañía.


Sobre los postres destacar por encima de todo la tarta de queso (creemos que el postre ha cambiado de nombre). Es realmente espectacular, a la altura de la carne. La presentación de cualquiera de los postres es muy original.


El servicio es muy atento y el sitio está preparado para recibir a mucha gente. El precio puede ser un problema ya que, hoy por hoy, está entre los 40€ y 50€ por persona. Quizás la fama y la modernización del local influyen para que el precio aumente. En este caso creemos que sí. Pero eso sí, nadie te podrá volver a decir quer no has probado la auténtica carne de buey.

Puntuación (1 a 10):
- Servicio: 8
- Cantidad: 6
- Calidad: 8
- Precio: 6

Valoración global: 7. Comerás buey del bueno, del de verdad. Muy buen sitio, con un buen servicio y con calidad en todos los platos. Precio elevado, ya que es sitio de renombre.

martes, 29 de mayo de 2012

Tranquilidad y buenos alimentos.

Esta vez teníamos dudas de a qué restaurante acercarnos. Varias fueron las opciones, pero nos decantamos por "El Bodegón".
Está situado en el casco viejo de Huesca, muy cerca de la catedral. Tiene una cuidada decoración que nos traslada a una gran bodega (arcos, columnas...) en el que se está realmente cómodo y el ambiente es agradable (aunque el hilo musical no es del todo acertado para un restaurante).
Su especialidad son las brasas y el pescado, pero tienen una cuidada carta con diferentes platos en los que podemos pedir desde una simple ensalada a un plato mucho más sofisticado.
La opción de menú también es acertada porque tienen variedad, calidad y no es excesivamente caro.

El restaurante es acogedor y, aunque no parece muy grande, tiene bastantes mesas. Todas ellas entre las columnas de la gran bodega. Al fondo podemos encontrar un gran botellero donde se hayan decenas de botellas de vino, siguiendo con la temática del restaurante.
El servicio es atento, aunque no excesivamente.

En cuanto a la comida... Nos sorprendió gratamente. No pensábamos comer tan bien, aunque nos habían recomendado el restaurante en varias ocasiones.
Como es lógico tienen una variada carta de vinos. Nosotros nos hemos aficionado a un tinto joven del Somontano llamado "Sevil". Muy aromático y con sabor afrutado y, además, nada caro (unos 9-10€).
Para acompañar al vino elegimos de primero un "Hojaldre de verduras con gambones y mezclum".
El hojaldre quizá resulte algo seco de primeras, pero al mezclar todos los productos resulta muy bueno al paladar ya que no es nada grueso.


La carne de los gambones (bastante grandes, como podéis ver) estaba tierna y caliente, recién hecha. Y el mezclum de ensalada daba un toque fresco al plato con sabores como el albahaca, escarola o canónigos. Así pues, podemos decir que la mezcla era sorprendentemente buena, tanto en sabor como en temperatura.
Un plato el cual disfrutamos y comimos lentamente.

De segundo tienen gran variedad en carnes y, aunque sus pescados también son famosos, no tienen tanta variedad en éstos. Las brasas siempre le dan un toque especial al gusto de cualquier carne. No fue menos en nuestra "Paletilla de ternasco".
Estaba espectacular. El único "pero" es que quizá le faltaba un poco más de cocción en la brasa ya que la carne no se separaba bien del todo del hueso. Por lo demás... increíble.


La carne estaba jugosa, tierna y muy sabrosa, con ese sabor tan típico del ternasco. La carne exterior crujiente y bien apañada con aceite, sal y una pizca de ajo. Le acompañaba una simple patata asada y un pimiento del piquillo.
El sabor de la brasa le dio muchos puntos a este plato. Lo recomendamos.

Después de sorprendernos gratamente con la carne pasamos al postre.
Siempre hemos dicho que nosotros somos más de "chicha", pero bueno, cuando se come de carta uno siempre termina pidiendo postre. Sea lo que sea.
Esta vez elegimos unos "Barquillos con azúcar rellenos de crema con chocolate caliente".
Quizá éste fue el plato más flojo, no sólo por nuestra predilección por la carne sino porque, además de esperar algo demasiado en recibirlo, el chocolate no estaba precisamente caliente.


Esto le bajó puntos a lo que hubiera sido una comida perfecta. Aún así, el postre estaba realmente bueno, y más para los amantes de lo dulce.

Después tomamos nuestro café y reposamos lo que, a nuestro juicio, fue una velada CASI perfecta.
El precio está equilibrado con la calidad. Eso sí, si eliges de carta es posible que no bajes de los 30€. Algo que también puede echar para atrás a mucha gente.



Puntuación (1 a 10):
- Servicio: 5,5
- Cantidad: 6,5
- Calidad: 7
- Precio: 6

Valoración global: 6,5. Lugar bonito, tranquilo y acogedor. Carnes a la brasa buenísimas. Platos muy buenos. Precio algo elevado y servicio no del todo atento.

martes, 15 de mayo de 2012

Arroz del bueno y sin pimentón, gracias.

No somos asiduos a las ofertas del tipo "cupón descuento", pero bueno, éste tenía buena pinta.
Era un menú con 2 entrantes, un plato principal (arroz caldoso con bogavante y nécora) y postre.
Algo que no podíamos dejar escapar. Y menos mal.
El sitio en cuestión es un restaurante valenciano especializado en arroces; "Vent a mar" es su nombre.
El restaurante está situado en el centro de Zaragoza, en una calle famosa por sus innumerables bares de tapas, tipo Calle Laurel de Logroño, salvando las distancias, que son enormes.
El lugar, sinceramente, es algo austero. No hay ninguna separación entre la barra del bar y el restaurante. Las mesas son algo pequeñas y las sillas un tanto incómodas. Incluso es posible que se te acerque algún amable vendedor callejero ofreciéndote relojes o pulseras. A nosotros no nos importa pero es algo que, a mucha gente, puede molestar. 
Como somos de buen comer, decidimos que lo mejor sería pedir alguna ración aparte del menú.
Nos aventuramos con unas gambas al ajillo y unas bravas caseras picantonas. 
La ración de gambas no fue nada especial y tuvo un gran fallo: no seguir la ley de las gambas al ajillo. Sí, esa ley que dice que se deben servir en plato de barro muy caliente y con guindilla. Y eso es así.
¿Las bravas? Nos entretuvieron intentando descifrar su ingrediente secreto: el pimentón. Pero nada más.
Antes de las raciones de nuestro menú nos pusieron un plato de pan tostado con pimentón y aceite. Bueno.

Más tarde no pusieron los entrantes del menú. Un plato de cazón en adobo casero (pimentón otra vez), enharinado y frito.
Se notaba que lo acababan de sacar de la freidora. No sólo por su temperatura, sino por su gran cantidad de aceite. En los fritos somos partidarios de dejar escurrir un poco el aceite para que no se coma el sabor del producto y guste más al paladar. Aún así, estaba realmente bueno. Era una carne tierna, sabrosa y sin espinas, aunque el pimentón empezaba a hartar (y aún quedaba...).
Después vino una fuente generosa de mejillones a la esencia de pimentón. Con mucho caldo (aguado), pero con buen sabor. Pasables.

Ahora viene el plato gordo. El arroz caldoso con bogavante y nécora. Aunque fijaos en la variedad que tienen...




Nos sorprendió muy gratamente. De hecho, podemos decir que es uno de los mejores arroces que hemos probado.
La cantidad era enorme. Una gran cazuela para tres, en la cual pudimos repetir 3 veces por persona. Sí, tres veces.
El arroz estaba delicioso. En su punto, caldoso pero sin estar demasiado líquido y con muchísimo sabor.
No escatimaron en ingredientes: gambas, mejillones, nécoras, bogavantes, almejas... Todo buenísimo.
Los bogavantes eran especialmente grandes, al igual que las nécoras, lo que nos hace suponer que ése fue su gran acierto, ya que los ingredientes habían soltado todo su sabor para que el arroz y el caldo se empaparan de éste.
Y así fue. Una vez hecho, el sabor debe estar en el arroz y no en el bogavante.
El caldo estaba ligeramente espeso, también en su punto. Teníamos que contener las ganas de mojar todo el pan. Y repetíamos, y repetíamos... Incluso bromeábamos con la posibilidad de pedir otra cazuela. Ganas no faltaron.

Fijaos por donde llega la marca del arroz...

Ah! El postre! Da igual, esa misma noche, en la cama, de lo que nos acordamos fue del delicioso arroz... y del pimentón.

Puntuación (1 a 10):
- Servicio: 5,5
- Cantidad: 7,5
- Calidad: 7,5
- Precio: 6,5

Valoración global: 7. Especialista en arroces (caldoso con bogavante buenísimo). Gran cantidad y calidad en el arroz. Visto lo visto, las raciones son totalmente prescindibles. Lugar algo sobrio (más cerca de tasca que de restaurante).

lunes, 30 de abril de 2012

La conjura de los astros (de la pala).

Contadas son las ocasiones en las que se alinean los astros para que todo salga tan bien como pasó el 14 de abril de 2012, fecha para enmarcar. 
No sabemos si fue como recompensa a nuestros rezos o simplemente fruto de la casualidad, pero fue un día perfecto. También tenemos que añadir que con la calidad humana que había en esa reunión de amigos, un par de huevos fritos habrían sabido a pata negra. Como diría César: éramos más gente que personas.
No era, como en otras ocasiones, otra excusa cualquiera para juntarnos. Esta vez la reunión surgió como cierre y celebración de una temporada magnífica del C.P. Vallelado y C.P Pradillos con sus merecidísimos ascensos de categoría, enhorabuena!!!
¿Qué mejor manera que poner el broche de oro en el restaurante "El tejar"? Ése del que tantas veces habíamos oído hablar pero siempre nos habíamos quedado con la miel en los labios...
Pero esta vez iba a ser diferente, ya estábamos en Cardeñadijo. Allí nos esperaba "El tejar".
Lugar situado a pocos kilómetros de Burgos, con el acceso al restaurante un tanto complicado y con escaso aparcamiento.


Pero como dicen nuestras escrituras: el paraíso no está señalado con grandes carteles.
Antes de pasar al comedor, en el pequeño bar tiene una muestra de los moldes y utensilios que se usaban para hacer tejas y ladrillos en ese mismo lugar, que ahora estaba transformado en un acogedor restaurante.
Tiene un comedor amplio (recomendamos reservar) y otra pequeña sala conocida como la sidrería, donde, aparte de las barricas de sidra, están las brasas y el cocinero preparando los productos.
Antes de pensar qué comer es imprescindible que la sidra corra por las mesas. Es un autoservicio y es tan sencillo como acercarte a la barrica, coger un vaso, girar el grifo y tener mejor o peor puntería. Todo un detalle el que puedas degustar la sidra que quieras antes de comer.
Pero pasamos ya a lo que mejor se nos da, es decir, comer.
El plato estrella del lugar es, sin duda, el chuletón, pero es obligatorio probar alguna de sus muchas raciones antes de ese gran plato.
Da igual qué ración tomar, cualquiera merece la pena y no te dejará indiferente.
En esta ocasión degustamos 6 raciones antes de la carne y todo fue regado por un vino rosado frío que pasaba realmente bien.
La primera ración fue una magnifica morcilla de burgos. Cortada en rodajas no muy gordas y hecha a la brasa. Morcilla con mucho arroz, buen sabor y el toque de la brasa que siempre sube varios puntos.


La segunda ración, y una de las que más nos llamó la atención, fue el chorizo a la sidra. Lo sirven flambeado, en platos de barro y tiene un sabor realmente increíble. Perfecto.


La tercera ración, la que más nos sorprendió junto con el chorizo, fueron los riñones laminados a la plancha y con sal gorda. Nunca habíamos visto sacar tanto provecho a este producto. Bajo nuestro punto de vista, probar el chorizo y los riñones en este restaurante es obligatorio.
La cuarta ración, mollejas de cordero. Estaban muy buenas, pero no eran especialmente destacables ni sobresalían tanto como el resto de productos.
Quinta ración, tortilla de ajetes. Muy buena y jugosa, pero quizás en un día de menos apetito sería la primera de las que prescindiríamos junto a las mollejas.
La sexta ración normalmente es un segundo plato, pero en esta ocasión se pidió como ración, y si fuéramos 100 veces al restaurante, 100 veces que la pediríamos. Fueron unas magnificas cocochas de bacalao al pilpil realmente exquisitas. Tampoco es un producto que necesite mucha publicidad, pero en está ocasión, más que publicidad se merecían un monumento.
Llegados a este punto, el plato estrella hizo presencia en la mesa.


Unos magníficos chuletones que pasan primero por la brasa, luego son deshuesados y más tarde troceados.
Vienen acompañados de unos platos de barro calientes para que cada uno le de el punto final que quiera. La carne es de un sabor increíble, tierna como pocas y se nota al probar que es una carne ya hecha por lo sabrosa que es, sobre todo las piezas pegadas al hueso.


Ni mucho menos defraudó a las expectativas generadas.
Como colofón final, pedimos un variado de postres, donde lo más destacable fue la tarta de queso, sin ser éste el punto fuerte del restaurante.
El precio, nada caro para la calidad que da en todos y cada uno de sus productos.
Para que os hagáis una idea, el precio medio ronda entre los 25€ y los 35€, incluidas las raciones, chuletón, postre, vino y copa. No te quedarás con hambre.

Como conclusión, citamos una frase de Raúl que resume está experiencia: "Pero que a gusto se está cuando se está a gusto"


Puntuación (1 a 10):
- Servicio: 9
- Cantidad: 9
- Calidad: 10
- Precio: 9

Valoración global: 9. Magnífico sitio para comer. Calidad increíble en todos sus productos y un precio asequible para el servicio que tiene y la calidad/cantidad que ponen. Si todo esto lo acompañas de buena gente se convertirá en una experiencia única.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Alto copete.

¿Para qué engañarnos? Somos partidarios de darnos algún capricho de vez en cuando.
Y en este tiempo que no hemos actualizado lo hemos hecho por partida doble en uno de los restaurantes más famosos y elegantes de la provincia oscense; el restaurante "Venta del Sotón".
Está situado cerca de Huesca, en el pueblo de Esquedas. No muy lejos encontramos el conocido castillo románico de Loarre; visita obligada.

En este restaurante no sólo la comida es lo esencial, también el servicio, la innovación, el ambiente y la decoración acompaña al género que nos llevamos a la boca.
El Sotón vivió su gran esplendor en los años 90 donde su dueño, Lorenzo Acín, quien abrió el restaurante con tan sólo 17 años, llegó a ser el encargado del banquete cumbre de la Semana del Pabellón de España en la Expo'92, donde comieron tanto la Casa Real española como más de 30 presidentes iberoamericanos.
Han pasado muchos años desde entonces pero su actual gerente, Ana Acín, no ha escatimado la calidad de sus platos ni un ápice, todo lo contrario.

En su entrada podemos encontrar una gran chimenea que caracteriza al edificio rememorando a las típicas chimeneas pirenaicas. Después nos encontramos con el comedor de carta donde el atento servicio nos guiará a la mesa.
Una vez elegidos nuestros platos nos pondrán en la mesa una degustación de aceites del Alto Aragón (la cobran). Degustación exquisita con diferentes sabores, amarguras y  panes. Nos ofrecen un folleto explicando la nota de cata de todos los aceites y de dónde proceden. Curioso.
Durante toda la comida tendremos a los camareros encima, muy pendientes de que en nuestra copa siempre haya líquido.
La carta es variada, con platos en honor al fundador del restaurante y con una calidad altísima. No son platos copiosos pero tienen una gran presentación y los productos son buenísimos.

El caso, vamos a describir los platos:
Como primero elegimos un plato de "Tallarines frescos tricolor con arenque marinado". Un plato que, al gusto, nos pareció espectacular. Espectacular, de verdad. El sabor del arenque era intenso y especiado. Sabor que cubría todo el paladar.
La combinación con los tallarines es agradable a la boca, ya que suaviza un poco el sabor a pescado.
La presentación no resulta nada llamativa, si bien es verdad que tampoco se puede jugar mucho con tan pocos ingredientes.

Otra elección fue una ensalada de endivias moradas con queso roquefort y base de salmón y tomates.
La fusión de las endibias con el queso es de sobra conocida, algo que nunca falla. Además el toque del pescado le añade un toque fresco característico y el tomate un toque algo dulce incluso.

Como segundos platos tenemos opciones varias. Muchas opciones en carnes, no tantas en pescado.

¿Qué podemos decir del "Canelón de civet de jabalí, trompetilla negra, crema ligera de su jugo y queso Radiquero"? Pues que es sencillamente exquisito.
El plato se compone de dos canelones bastante grandes (unos 20cm) hechos con pasta casera. Tiene un gran sabor ya que la carne de jabalí tiene en ocasiones un gusto fuerte. De todas maneras, la crema ligera de su jugo le rebaja el sabor intenso y le da un toque suave al paladar.
Las trompetillas y el queso vienen gratinados que le da un toque final... Las trompetillas quedan crujientes (incluso demasiado) al ser una seta de poca carne y de tamaño pequeño.
Los quesos de Radiquero son de sobra conocidos incluso a nivel internacional. Quesos elaborados con leche de cabra ricos en calcio con un sabor suave en la carne pero fuerte en corteza. Así que son la guinda para este estupendo plato.

Impresionante también el "Cordero lechal de Huesca asado al horno con patatas a lo pobre".
Nos quedó la duda de su elaboración ya que estaba exactamente en su punto. No sabemos muy bien si tienen los asados a "medio preparar" y les pegan el último golpe a la hora de servirlos o realmente se pegan sus horas "oficiales" de asado. El caso es que está sensacional.
La corteza queda crujiente y con buen color, la carne jugosísima y con el sabor propio del lechal (sin llegar al típico ternasco). La pieza es generosa; paletilla entera.

En cuanto a los postres... Una especialidad de la casa es el souffle. Lo preparan en un carrito al lado de la mesa, quemando las claras de huevo con brandy. Como bien indica en la carta, lleva su tiempo.
La tarta de queso está muy buena, pero en este tipo de postres ya se sabe que nunca se acierta del todo. A unos les gusta blanda, a otros más espesa; pero bueno, la tarta es casera, aunque no destaca tanto como los otros platos.

Despues, y siguiendo con los detalles, nos ponen una bandeja de pastas y chocolates caseros y un porrón de vino dulce que está buenísimo. El vino tiene un cierto gusto a hidromiel y, por supuesto, ¡entra sólo!

Y como sorpresa, un plato con una especie de pastilla en la que echan agua caliente y se convierte en una perfecta servilleta húmeda para poder limpiarnos los restos del chocolate.

Aunque el precio sea algo elevado, podemos confirmar que merece la pena. La atención, los detalles y la calidad de este tipo de restaurantes se paga. Los 50€ por persona son inexcusables.
Eso sí, volveremos.



Puntuación (1 a 10):

- Servicio: 10
- Cantidad: 7,5
- Calidad: 9
- Precio: 8


Valoración global: 9. Increíble calidad y servicio. Con detalles  que al final se pagan (no avisan). Restaurante de renombre. Buen ambiente y tranquilo.

martes, 22 de noviembre de 2011

El milagro asturiano.

¿Quien hubiera imaginado poder encontrar este tesoro gastronómico asturiano en plena costa mediterránea? Nosotros jamás, pero el milagro se dio y por casualidad, como dicen que pasan estas cosas.

Este verano estábamos andando tranquilamente por el paseo marítimo y las proximidades de la céntrica y bulliciosa "Playa del cura" (no podía ser otra para unos frailes como nosotros) de Torrevieja (Alicante) cuando vimos por casualidad un pequeño local llamado "D´Pablo" situado muy cerca de la Avenida de los Marineros.
Desprendía un olor a sidra hipnotizante. Además, en la puerta, había un cartel que decía algo así: parrillada para 4 personas 28€, compuesta de panceta, lomo, morcilla, chorizo, churrasco, chuletillas, ensalada y patatas. Interesante; pensamos. Pero ese día nos depararía una sorpresa mucho mayor.
La parte posterior del cartel decía algo como esto: cabrito asado para 4 personas + ensalada + patatas + postre por 32€. Después de frotarnos los ojos durante un par de minutos hicimos lo que cualquier buen fraile haría, o sea, pedir una mesa y sentarnos a cenar. Solo quedaba una mesa libre y no era en terraza, así que entramos al pequeño comedor del restaurante con ganas de comenzar la comilona.
En la mesa de al lado se encontraba una pareja que, inconscientes, pidieron un cabrito para ellos solos pensando que el plato sería más bien pequeño. Nada más lejos de la realidad. No se habían comido ni una cuarta parte de la pieza y ya nos miraban con cara de pedir ayuda, aunque en su favor diremos que ni los 2 mejores frailes se podían terminar semejante cabrito asado.
En un principio lo que nos animó a entrar en el restaurante fue el cabrito pero viendo la comida que pasaba delante de nuestros ojos hacia otras mesas no teníamos muy claro qué pedir así que pedimos consejo a la simpática camarera que nos dijo: "aquí todo está bueno, pero el chuletón de ternera asturiana es el plato estrella.". Se nos pusieron los ojos como platos y accedimos a su sugerencia.
De repente trajo a la mesa el gran invento del escanciador "Isidrin" con su botella de sidra correspondiente y una pieza de carne de casi 2 kilos para ver si era de nuestro gusto. Ufff... un chuletón de 2 kilos...
Hay que decir que el precio del chuletón va por kilos y cambia dependiendo del mercado. Aquel día estaba a 18€.

Como no nos gusta esperar sin picar, pedimos una ración de mejillones para matar el rato (y llenar el estómago). Y... vaya ración! Una cazuela enorme de mejillones al vapor por un precio de 6€. La cantidad de mejillones que había en esa cazuela era casi 3 veces la de una ración de mejillones de cualquier otro bar. La impresionante calidad y el precio hacen imprescindibles pedirla.
Una vez terminados los mejillones, llegó el chuletón acompañado de una ensalada y patatas. ¡Qué nervios!
La pieza de carne era enorme, pero se quedaba pequeña al lado de su calidad y su sabor. Todo eso, sumado a su perfecto punto de preparación, hace que estemos en posición de afirmar que es el mejor chuletón que hemos comido jamás (y van unos cuantos ya entre pecho y espalda). Éste sobresale por encima del resto en todos los sentidos: sabor, preparación y precio.
Después de terminar el magnífico chuletón y de bebernos 2 botellas de sidra llegaron los postres.
¿Qué podemos decir? Pues que estaban todos buenísimos, aunque eran enormes para estas alturas de la noche. Aconsejamos compartir. Cualquier tarta (de manzana, de queso, de fresas, de chocolate, de naranja) está buenísima.
Un broche de oro a una noche gastronómicamente redonda. Y además, barato. 58€ para 4 personas.

Después de una de las mejores jornadas gastronómicas de nuestras vidas solo se nos ocurrió volver al día siguiente a rezar otra vez al lugar donde se había obrado el milagro, así que reservamos mesa para comer.
Somos así de... ¿viciosos?
En esa segunda visita también estaba "Isidrín" y los mejillones al vapor, pero esta vez cambiamos el chuletón por un cabrito asado acompañado de ensalada y patatas.
El cabrito es una de nuestras carnes favoritas y en esta ocasión volvió a demostrar el por qué. Carne sabrosa, jugosa y muy bien asada.
El postre fue compartido y el precio fue de 36€ (4€ más por la sidra).
Con todo ello nos fuimos bien comulgados para casa con la agradable sensación de haber descubierto este restaurante, lleno de deliciosas sorpresas.


Puntuación (1 a 10):
- Servicio: 8
- Cantidad: 8
- Calidad: 9
- Precio: 9

Valoración global: 8,5. Paraíso gastronómico a un precio inmejorable y con un servicio amable, simpático y cercano. Las carnes son increíbles y los pescados con buena fama. Raciones y postres enormes y de gran calidad. Por poner un pero, el sitio no destaca por su gran decoración, pero para nosotros es un mal menor. Imprescindible reservar, sobre todo los fines de semana.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Verde que te quiero verde.

Los que son de comer carne y no han ido nunca a un restaurante vegetariano se llevarán una gran sorpresa, al menos si van al restaurante "La Olivera" situado en Nueno (Huesca). No os vamos a engañar, era la primera vez que íbamos a un restaurante de este tipo y salimos encantados.
Este restaurante tiene algo especial, no sólo por el buen hacer de sus platos, sino también por lo bien llevada que tiene su temática.

Tiene una decoración interior preciosa, ambientado en la plaza de un pueblo, con sus pájaros, muros de piedra, fuentes, ventanas... Eso sí, la zona decorada es algo pequeña, con unas 4 o 5 mesas, sin embargo, el restaurante es algo más grande.
En cuanto a comida, y aunque parezca mentira (para los que no estamos acostumbrados), es muy variada.
Desde la típica ensalada a una musaka de berenjena con carne vegetal, que bien podría pasar por carne animal. Pero bueno, de comida empezamos a hablar ahora.

Como decimos, la carta es muy variada, aunque no tiene muchos platos para elegir. Eso sí, todos excelentes.
De primero podemos elegir la riquísima "ensalada de tomate rosa de Huesca con nueces, tosta con olivada y queso de rulo a la plancha". Ideal para compartir; además, todos los ingredientes son buenísimos. Especialmente el queso con ese punto a la plancha que siempre queda bien en una buena ensalada. Puedes aliñarla a tu gusto, por supuesto.
Existen tostadas u otras opciones como el pan con tomate que también son buenas opciones para compartir como entrante o como primer plato.

Ensalada de tomate rosa de Huesca con nueces, tosta con olivada y queso de rulo a la plancha

Podemos elegir platos como "raviollis de berenjena y requesón con salsa de queso parmesano". Sorprende la cantidad de combinaciones que ofrece algo vegetal con cualquier queso. La combinación es siempre acertada y ésta no es menos. La salsas son excelentes aunque ofrecen relativamente poco pan.

Raviollis de berenjena y requesón con salsa de queso parmesano

El "arroz de dos colores con espinacas y calabaza" resulta muy agradable al paladar ya que puedes mezclar los sabores a tu gusto porque el plato viene dividido con los dos arroces ya cocinados. El de calabaza es muy suave y la cebolla rehogada que le acompaña liga bien el sabor.
Otro buen plato para elegir como entrante es la "lasaña de crema de espinacas, calabaza, piñones y pasas con salsa de cabrales". Quizá con demasiada salsa pero con una gran elaboración y servida en tartera de barro. A primera vista el plato puede parecer pequeño pero este tipo de comidas llenan mucho el estómago y no es necesario mucho más.
Como hemos comentado, de segundo podemos elegir una "milhojas de berenjena con carne vegetal picada y pisto". Plato sorprendente ya que la carne vegetal es un producto muy utilizado en este tipo de cocina pero que nosotros desconocíamos (ignorantes...). Muy buena textura y buena preparación. La salsa, como siempre, exquisita. Un plato que resulta copioso así que puedes reservarte un poco para el postre.
Hay varios platos que están en menú pero no en carta, como los "canelones de calabaza con piñones". Espectaculares.

Milhojas de berenjena con carne vegetal picada y pisto

Para terminar todo este festín podemos elegir un "crepe con bola de helado de manzana verde sobre crema de natillas" o "helado de mango sobre sopa de chocolate negro con canutillo de chocolate blanco". Este último puede resultar algo empalagoso por la gran cantidad de chocolate, aunque a quien le guste el chocolate...
Todas las tartas son caseras y muy ricas. Llama la atención la dedicación con la que decoran los platos: animales, flores, paisajes... todo ello con lineas de caramelo liquido o chocolate. Se agradece.

Tarta de queso casera con ralladura de almendras

Concluyendo, el restaurante "La Olivera" es bueno en casi todos los sentidos; muy bueno.
El servicio es simpático, educado y atento, aunque cuando hay mucha gente (por las prisas) cometen algún desliz.
Y el precio es muy económico. Cada uno de los platos que hemos comentado (menos los postres, que son más baratos) suelen rondar los 8€, así que si compartes un primero y eliges cualquier segundo y un postre puedes salir por unos 15-20€. 

¡Viva el verde!


Puntuación (1 a 10):
- Servicio: 7
- Cantidad: 7,5
- Calidad: 7,5
- Precio: 8


Valoración global: 8. Buena selección de productos. Espectacular decoración. Servicio atento. Económico.

viernes, 7 de octubre de 2011

¡Recórcholis! ¡Caracoles!

"El Fetra" es un hotel restaurante situado al pie de la carretera nacional N-330a en la entrada de Yequeda, pueblo a pocos kilómetros de Huesca.
Tiene un plato estrella que le ha dado al restaurante la fama que tiene por la zona; los caracoles.
Plato que en otras zonas se elabora solo guisado o en arroz aunque por esta zona se elaboran también a la brasa, acompañados de una salsa alioli a la que llaman "ajoaceite".
El restaurante consta de dos comedores en el que entran bastantes mesas pero si son fechas destacadas es muy recomendable reservar primero para no llevarte sorpresas. El servicio es atento si no hay muchos comensales.
El precio no es muy económico si vas de carta. La media son entre 30€ y 40€, pero casi todo el año tienen algún menú especial de temporada que ronda los 25€ y que está muy bien, el menú del día son 15€. Hablando de la comida mencionábamos antes el plato estrella, los caracoles, pero para nosotros tienen otro plato que está igual de bueno o incluso mejor; los mejillones. Están preparados de la misma manera que los caracoles y merece la pena probarlos si vas a este restaurante.
Las carnes son realmente buenas. Tanto el solomillo como el chuletón son productos excelentes. La elaboración de las carnes también influye en la aglomeración de mesas ya que, como todo el mundo sabe, una buena carne necesita su tiempo. Normalmente suelen poner esmero y casi siempre están muy bien preparados.
Si estás atento a los menús de temporada puedes ir cuando tengan los caracoles en ese menú y podrás degustar una ración de caracoles, una de mejillones y un entrecot por unos 25€, que es un precio muy razonable para la calidad de los platos que incluye el menú.
Si no te puedes esperar a que salga ese menú de temporada o las fechas en las que estás por la zona no coinciden con ese menú, el precio subirá unos 10€ aproximadamente, pero quizás haya merecido la pena.


Puntuación (1 a 10):
- Servicio: 6
- Cantidad: 7
- Calidad: 7,5
- Precio: 6

Valoración global: 7. Gran calidad en todos sus platos sobre todo en los caracoles y los mejillones a la brasa y en todas sus carnes. Si coincides con menú de temporada el precio es razonable para lo que vas a comer (unos 25€) si vas de carta el precio puede parecer un poco excesivo.